
Para rendirle pleitesía a alguien que ni nos va ni nos viene, que ni fú ni fá, que realmente no ha hecho nada por nosotros, que fue traído de la mano de un enano esquizoide con delirios de grandeza, cuyo mayor mérito es engendrar herederos que a su vez engendran niños malcriados y repipis, y que usa el dinero de las arcas para irse de pilinguis, mejor rindámosle pleitesía al botijo. Y no a un botijo en concreto. A todos los botijos. El botijo es, además de un alarde de ingenio que enfría el agua por sí solo, un utensilio definitorio y definitivo en la utillería ibérica. Es tan nuestro como la siesta, Emilio Butragueño y Julio Iglesias, y mucho más beneficioso que éstos. A excepción de la siesta, claro.
¡¡Loor al Rey Botijo!!
¡Alabémosle!
¿Que haces que no le alabas?